Muchos problemas colectivos terminan atrapados en la misma secuencia. Primero discutimos sobre las causas. Después discutimos sobre quién las entiende mejor. Finalmente, si queda tiempo, hablamos de qué podríamos hacer juntos.

Los incendios forestales ofrecen un buen ejemplo. Podemos discutir durante horas sobre el peso relativo del clima, la meteorología, el abandono rural, la vegetación, la gestión del territorio, la prevención o la capacidad de respuesta. Esa discusión importa: comprender bien las causas mejora las decisiones.

Pero hay otra pregunta que no siempre necesita esperar a que resolvamos completamente la primera:

¿Sobre qué podemos ponernos de acuerdo para reducir el riesgo y el daño?

Personas que explican el problema de forma distinta pueden coincidir en algunas acciones: mejorar la prevención, proteger poblaciones vulnerables, cuidar determinadas masas forestales, mantener infraestructuras, reforzar la capacidad de respuesta o evitar conductas de riesgo. Sus razones no tienen por qué ser idénticas.

Las razones pueden ser distintas. La acción puede ser común.

Disenso en las ideas, cooperación en las acciones

Con demasiada frecuencia convertimos la aceptación de nuestra explicación en un requisito previo para colaborar en la solución.

Una sociedad plural rara vez alcanza un consenso completo sobre qué ocurre, por qué ocurre y qué debe hacerse. Tampoco siempre lo necesita. A veces basta con que suficientes personas encuentren un terreno común de acción mientras el desacuerdo intelectual continúa.

Esto no significa relativizar los hechos. No todas las explicaciones son igual de sólidas ni todas las medidas producen el mismo efecto. Cooperar bajo desacuerdo no consiste en fingir que todo vale, sino en separar dos preguntas que solemos mezclar: qué creemos que es verdad y qué podemos hacer juntos ahora.

Podemos seguir investigando, explicando y deliberando mientras cooperamos allí donde ya existe suficiente terreno común.

De convencer para actuar a actuar cuando ya podemos

Hay una tentación muy humana: queremos resolver el problema, pero también queremos que quede claro que teníamos razón.

Las dos cosas no siempre avanzan al mismo ritmo.

Quizá ante algunos problemas colectivos debamos preguntarnos un poco menos “¿cómo consigo que los demás piensen como yo?” y un poco más “¿qué podemos hacer juntos aunque sigamos pensando distinto?”

Una sociedad plural no necesita pensar al unísono. Sí necesita aprender a cooperar sin exigir previamente uniformidad.