Guía práctica para tener razón siempre, sin que la realidad interfiera.
Introducción
¿Le preocupa haber caído alguna vez en una contradicción? ¿Ha defendido una cosa el lunes y la contraria el jueves? ¿Le han señalado una incoherencia y ha sentido esa desagradable necesidad de explicarse?
No se preocupe. No está solo.
Millones de personas llevan una vida perfectamente normal sin permitir que los hechos, la lógica o la coherencia interfieran demasiado con sus convicciones.
Y usted también puede hacerlo.
En este manual aprenderá técnicas sencillas para proteger sus creencias, conservar intacta la autoestima y mantener una razonable sensación de superioridad moral con independencia de lo que ocurra alrededor.
La realidad cambia. Los hechos aparecen. Las circunstancias se complican.
Pero tener razón siempre sigue estando a nuestro alcance.
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1. Cómo tener razón incluso antes de pensar
Muchas personas continúan utilizando un procedimiento anticuado: observan los hechos, reflexionan, contrastan y, finalmente, llegan a una conclusión.
Es lento. Consume energía. Y, peor todavía, existe el riesgo de acabar cambiando de opinión.
El método profesional es mucho más eficiente: primero se decide qué conclusión se desea alcanzar y después se buscan los argumentos.
El ahorro de tiempo es extraordinario. Además, permite conservar las mismas opiniones durante décadas, independientemente de la evidencia que vaya apareciendo.
Si algún día se descubre pensando sin haber decidido previamente a qué conclusión quiere llegar, deténgase. Está perdiendo el tiempo.
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2. Los nuestros merecen contexto
Una de las habilidades más importantes de toda persona madura consiste en comprender los matices. Especialmente cuando afectan a los nuestros.
Si alguien de nuestro grupo se equivoca, conviene preguntar: ¿qué circunstancias le llevaron a hacerlo?, ¿qué contexto estamos ignorando?, ¿qué factores externos influyeron?
Cuando alguien del otro grupo hace exactamente lo mismo, el análisis puede simplificarse considerablemente: son así.
Dominar esta capacidad de alternar entre complejidad y simplicidad según quién actúe hace que el mundo resulte mucho más cómodo.
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3. Cómo convertir cualquier error propio en una virtud
Supongamos que usted ha cometido una incoherencia. No se preocupe. Las incoherencias son oportunidades.
Si cambia de opinión, demuestra apertura mental. Si cambia de principios, demuestra pragmatismo. Si incumple una promesa, demuestra flexibilidad. Si contradice lo que dijo ayer, demuestra evolución personal.
Recuerde: los errores son errores cuando los cometen los demás. Cuando los cometemos nosotros, son aprendizajes.
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4. La noble causa
Toda conducta necesita una justificación y, por fortuna, existe una solución casi universal: la noble causa.
Gracias a ella, mentir puede convertirse en responsabilidad; manipular, en pedagogía; ocultar información, en prudencia; atacar, en defensa; y beneficiarse personalmente, en servicio a los demás.
Lo importante no es tanto lo que hacemos como recordar que nosotros conocemos nuestras buenas intenciones.
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5. Cómo neutralizar lo que no conviene
Los hechos son una herramienta magnífica cuando colaboran. Cuando no lo hacen, hay alternativas.
Si alguien presenta datos, cuestione sus intenciones. Si presenta estudios, pregunte quién los financia. Si presenta pruebas, reclame más contexto. Si cuenta una experiencia personal, recuerde que es anecdótica. Si trae estadísticas, diga que son frías.
Si todo falla, cambie de tema. Y, como último recurso, declárese ofendido. La ofensa tiene una ventaja estratégica: no necesita demostración.
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6. El otro siempre es peor
Ningún error debe analizarse de forma aislada. Si alguien critica una conducta de nuestro grupo, responda cuanto antes: “¿Y qué hay de los otros?”
Puede que hayamos cometido un error, pero ellos cometieron uno mayor. Puede que tengamos un problema, pero ellos tienen muchos más.
Así, cualquier examen moral puede transformarse rápidamente en una competición. Y una competición suele ser bastante más cómoda que un examen de conciencia.
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7. El coro
El autoengaño mejora mucho cuando se practica en grupo.
El grupo valida: tanta gente de acuerdo no puede estar equivocada. Amplifica: lo que uno sospecha, diez lo convierten en certeza. Y protege: quien discrepa puede dejar de ser una persona con otra perspectiva para convertirse en alguien sospechoso.
Así se construye un espacio seguro. No necesariamente seguro para pensar; seguro para no tener que hacerlo.
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8. La indignación como recurso
La indignación es un recurso valioso y, por tanto, conviene administrarlo selectivamente.
Una conducta realizada por los otros puede ser una amenaza para la democracia, la libertad, la moral o la convivencia. La misma conducta realizada por los nuestros puede ser un matiz, un contexto o una excepción comprensible.
La indignación selectiva permite concentrar toda nuestra energía moral allí donde menos riesgo existe de descubrirnos a nosotros mismos.
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Nota final
Si durante la lectura de este manual ha pensado en varias personas que deberían leerlo, no se preocupe.
Es una reacción completamente normal.
De hecho, probablemente sea el último capítulo.